Después
de largo rato de no acercarme siquiera a este blog, hoy decidí hacerlo.
Se podría decir que reinicié por completo lo que había comenzado hace
un par de meses. Llevaba a penas una entrada que no tenía ni una visita
-así como seguramente acabará esto que inicié hoy-, así que ni sentí el
arrebatamiento que me produje, aunque creo que todos tenemos hijos
cuando escribimos.
Tras
divagar tanto, apoyando la cabeza en el vidrio del metro, uno siente la
necesidad de vomitar aunque no se sepa muy bien qué vomitar, tal vez
conejos o llaves o un texto anárquicamente fotocopiado, pero sin duda se
hacen presentes las arcadas y es un horror. Por eso se busca un buen
rinconcito. Y este ciber-rincón me servirá al menos por un buen rato.
Habrán vomitos estéticamente aceptables: con buena consistencia y finos
trozos cortados de verduras y frutas, y tal vez un muy bien digerido
puré de carne; y habrán vomitos vomitivos, con un olor que te sangra la
nariz y todo revuelto. Por eso les pido que ustedes del otro lado sepan
actuar ante cada situación, que elogien o recriminen lo que vaya
poniendo acá, lo que vaya saliendo.
Veo
difícil que este lugar sea visitado por muchos, pero sin duda le dará
mantita a más de algún alma que ande desvariando en el ciberespacio, así
que si no es mucha molestia, pasen adelante, ¿gustan una taza de café?